Gracias

gracias - copia

Guardo en la recámara de los posts sin publicar (y del olvido) el más duro que hasta ahora he escrito, demasiado fuerte, demasiado duro, demasiado fuera de lugar.

Suelo decir que hay que ser autocríticos y debo reconocer que me dejé llevar por las emociones negativas, que son las más fáciles de expresar y en algún punto me olvidé de ver y reconocer lo positivo de toda esta experiencia destinada a tender puentes hacia la integración real de las personas con discapacidad.

Hay momentos en los que cuesta ver la luz, pero existe; por eso, desde este instante de luz quisiera enviar un agradecimiento muy especial a todas aquellas personas que desde distintas partes del mundo me envían su afecto y cariño de diferentes maneras, ya sea de forma personal, por correo electrónico, comentando, compartiendo o dando un “Me gusta” a alguno de mis vídeos o posteos.

Hace más de un año y medio que empecé este proyecto, al que dedico tiempo y cariño, con la esperanza de alcanzar la tan mencionada integración como paso previo a la igualdad.

Tengo la enorme fortuna de que entre toda la gente que alguna vez ha visto o leído lo que hago, hay personas de diiversos ámbitos y situaciones, lo que me ha enriquecido mucho dentro de este aprendizaje. La vida es un continuo aprendizaje, se tenga o no se tenga una discapacidad, de todo se aprende, no solo de los errores, sino también de los aciertos y creo que con esta relación que estoy encarando con vosotros estoy acertando.

Este post, por muy pequeño que sea, no es más que para agradeceros por estar del otro lado, haciendo posible que el milagro suceda y que cada miércoles me ponga delante de un teléfono y emita en Periscope lo que un día después estará en YouTube o a los lectores de este mi blog o de mi LinkednIn Pulse. Gracias.

Muchas gracias por estar ahí.

Hasta otra!

Anuncios

Inclusión forzada versus inclusión real

columpio
Cuando era chico éramos más tolerantes, todos, no existía tanto afán de separación o de notoriedad. Tampoco existía internet y eso hacia que las cosas fluyeran a su debido tiempo, sin las prisas propias de la inmediatez que puede tener hacer un click y que algo suceda.

La discapacidad era más difícil, al menos la que yo recuerdo. Hay que reconocer que la tecnología avanzó en el sentido de la comodidad y eso ayudó a la integración, propia y ajena.

Hace tiempo vengo dándome cuenta que desde el colectivo de la discapacidad se ha puesto de moda cierta corrección política, cierta impostura fruto más de la revancha (a mi entender) que de las ansias de igualdad.

Para empezar voy a hablar de la terminología, a pesar de ser personas con discapacidad ( y no lo digo yo, lo dice la O.N.U.) hay quienes se esfuerzan en resaltar que se trata de diversidad funcional, vamos, ni que fuera que todos funcionásemos de igual manera.

Dentro de esta dinámica revanchista (a mi entender) también está de moda pedir todo inclusivo, del modo que sea.

En la era del selfie, algunas redes sociales han potenciado este movimiento.

La imagen que ilustra este post es el claro ejemplo de a lo que me refiero, no es que esté en contra de este tipo de iniciativas, pero es que a veces veo y escucho cosas que rozan el ridículo. Reitero, estoy a favor de este tipo de iniciativas, de lo que no estoy a favor es de la tontería que se mueve alrededor, de la falta de sentido común.

Como colectivo nos quejamos del paternalismo y sin embargo, en vez de ser proactivos no hacemos más que pedir. De pedir, que nos den, porque somos víctimas, porque lo pasamos mal. Vamos bien, eh?

Afortunadamente y dada la condición de mi discapacidad, tengo la capacidad de tener una visión dual ante una misma situación y eso es un punto fuerte que me permite tener ideas a veces más objetivas.

Desde algunos sectores del colectivo de la discapacidad se tiene la creencia de que al estar rodeado (sea del modo que fuere) de personas sin discapacidad se ha logrado la inclusión, nada mas lejos de la realidad. Se confunde el término inclusión con integración y se desconoce el significado real de éste último.

Si mi yo niño hubiera ido a un parque y se hubiera montado a un columpio de estos seguiría igual de infeliz, porque los demás serían bípedos y yo no.

A veces pienso que se trata de quejarse por quejarse y me refiero a las cosas que rozan el ridículo.

Yo soy zurdo, cuando mi abuela lo supo insinuó que se me atara la mano así era igual que los demás, tal y como ella hizo con dos de mis tíos; pero no fue así, aprendí a desenvolverme en un mundo hecho para diestros.

Me viene a la memoria cuando un profesor de plástica no me quiso aprobar porque decía que al usar la mano izquierda no me saldría nunca bien la letra técnica. La verdad es que al principio me molestó pero le resté importancia, al año siguiente tuve una profesora que me aprobó la materia y ahí se acabó la historia.

Podría haberme enfado, decir que se me excluía, que no se aceptaba mi derecho a un aprendizaje digno, pero es que sinceramente, mi capacidad personal estaba muy por encima de la visión de aquella persona.

El tema es que en la discapacidad (y salvando las distancias) parece ser que todo lo que no sea inclusivo se considera discriminación. Podría dar otros ejemplos, pero seguramente habrá quien se lo tome mal.

Yo fui un niño que tuvo sus momentos de felicidad, recuerdo que antes de volver a caminar me divertía con mi hermano y un amigo y eso que eran ellos los que podían moverse, jamás se me ocurrió quejarme de algo que desconocía.

En mi grupo, con mis amigos, estuve siempre integrado (e incluido), la discapacidad no fue un obstáculo en la relación y así sigo hasta hoy.

Las personas sin discapacidad también tienen sus dificultades y sin embargo no se autodiscriminan, ni exigen en función de lo que no pueden hacer. Ser iguales, también es poder hacer o no hacer unas determinadas cosas según las capacidades o aptitudes que se tengan.

Pedimos que nos lo simplifiquen todo sin que nos miren diferente “es por lo que no pueden” dicen quienes recurren al argumento más fácil, “es que me pagan poca pensión” cuando igual el que está al lado tenga o no tenga discapacidad no recibe nada. En algunos sectores de la discapacidad hay mas ego que empatía.

La integración es algo que se da solo, una consecuancia, algo que no se fuerza, que se hace cuando las personas se muestran abiertas a dar y recibir sin intenciones ni pretensiones y por supuesto, al estar integrado, se está incluido, sin dudas.

Creo que esto lo dije en otro post y lo vuelvo a decir, soy de los que creen que moriremos de corrección política, parece ser que hablar de discapacidad tiene que ser hacer demagogia y que no se puede criticar al colectivo, ni desde fuera y mucho menos desde dentro.

Es como si los traumas de la niñez de unos pocos (pero ruidosos) tomaran forma de venganza y se suele atacar desde el disfraz del pedido de inclusión.

Transmitir nuestro resentimiento a las generaciones venideras es cargarles con un problema que es nuestro y que no supimos solucionar. Hay que poner un punto medio.

Inclusión no es igual a integración, inclusión es muy distinto a igualdad.

Está claro que en materia de accesibilidad aun quedan cosas por hacer y poco a poco se va a avanzando, a veces cuesta, pero se está creando una inercia que formará un movimiento natural que dará pie a una inclusión real si nosotros estamos preparados y cuando estemos incluidos, cuando las cosas se den por sí mismas, alcanzaremos el camino de la integración y recorriéndolo, aprendiendo de él, solo así podremos alcanzar la igualdad, pero para eso hay dar el primer paso y el primer paso es cambiar la actitud, es dejar de lado los rencores y empezar a realizar el futuro. Es posible, de todos depende.

Sobre las reacciones acerca de El negocio de la discapacidad

slrdENDLD

Cuando escribí El negocio de la discapacidad lo hice para cerrar algunas de las ideas expuestas en La discapacidad laboral, lo que no esperé en ningún momento fue la trascendencia de dicho post.

A día de hoy las estadísticas dicen que fue visto unas 678 veces (la gran mayoría durante los primeros 20 días después de su publicación), tiene 3 Me Gusta, obtuvo 7 comentarios (de 5 usuarios diferentes), ha sido compartido 81 veces en LinkedIn, 9 veces en Twitter, 58 en Facebook y otras 5 en Google+. Debo decir que hasta el momento es mi post más popular.

Lo curioso es que en cuanto a comentarios, los negativos (públicos) superan a los positivos (privado). De los comentarios negativos solo una persona se identificó y argumentó las mismas palabras tanto en el blog como en LinkedIn, a pesar de las diferencias de opinión me alegra saber que al menos una persona haya “dado la cara”. En cuanto a los comentarios positivos solamente uno fue hecho por una persona identificada, el resto llegaron todos por privado. El criterio entre lo negativo y lo positivo lo marca el estar a favor o en contra de lo escrito.

Me llamó enormemente la atención que los comentarios favorables hayan sido de manera privada, realizados por personas con discapacidad que se tomaron la molestia de buscar mi sitio web y enviarme su opinión o quienes respondieron al blog pidiendo que no publique sus opiniones.

Una de las premisas de 50skills es la publicación de todos los comentarios, tanto a favor como en contra de cada posteo, está en mi mano la posibilidad de aprobar o rechazar cada uno, pero así y todo, decidí permitir las opiniones contrarias.

Al otro lado, en mi bandeja de entrada, llegaban emails de personas con discapacidad felicitando mi atrevimiento, hubo quienes lo dijeron sin decir y otros lo plantearon abiertamente, pero existe miedo de opinar sobre la manera en que las empresas trabajan con personas con discapacidad.

Por respeto a esas personas no publicaré sus dichos pero iban desde los insultos hacia algunas de las respuestas a planteamientos muy serios de la situación real a la que tiene que enfrentarse una persona con discapacidad de cara al mercado laboral.

Es triste saber que existe el miedo a la opinión. Se dice que cuando una persona cree en algo no hace más que potenciarlo, debe ser que yo creo que una buena parte del mercado laboral se aprovecha de las personas con discapacidad, pues es con lo que me he encontrado.

Esto también pasa en el empleo ordinario, está claro que se somete a través del miedo, pero la diferencia es que en el caso de la discapacidad el mercado laboral es muy pequeño y muchas veces se obliga a las personas a conformarse con lo que hay, como si eso fuera demasiado, obligándola casi a una gratitud eterna hacia el mecenas.

Hace poco, durante una reunión decía que desde algunos sectores se pretende instalar la idea que una persona con discapacidad teniendo un empleo es feliz y nada más lejos de la realidad. Por supuesto que la solvencia económica ayuda al ánimo de las personas, pero no es lo único, hay otras cosas, entre ellas el desarrollo personal. Pero en el post hago referencia a esos “guetos” (como les llaman algunos) donde se encierra certificados de discapacidad y no personas, donde la manera de proceder es digna del siglo pasado o a esas empresas que refugiándose en la sigla RSC abaratan costes y aumentan sus ganancias.

Sigo pensando en que la responsabilidad es nuestra, de las personas con discapacidad, que está en nuestras manos revertir esta historia; soy consciente que cada casa es un mundo y que cada persona tiene una situación diferente a la otra.

Si llegamos a este punto, al miedo, es porque poco a poco hemos ido cediendo.

Ojalá este post deje otro tipo de comentarios públicos.

El negocio de la discapacidad

negocio discapacidad - copia

Puede que de todos los posts que he publicado este sea uno de los mas arriesgados, quienes me siguen saben que no me limito a la hora de escribir.

Vuelvo una vez más a recordar el post que no fue y uno de ellos fue el que dio origen a éste, que en su titular lo dice todo. Cuando hablé acerca de la discapacidad laboral dije un poco lo que pienso a este respecto.

En la era del selfie, y de lo políticamente correcto, atreverse a decir que existe una mentira muy grande en las intenciones de algunas entidades a la hora de tratar con personas con discapacidad es dar un paso muy grande, pero necesario.

Se transmite un mensaje a la población en el que se dice que una persona con discapacidad es feliz trabajando y se llega hasta ahí, claro, ahí es donde está el negocio.

Los llamados Centros Especiales de Empleo (C.E.E.) cumplen una función social muy importante, puesto que brindan oportunidades laborales a personas que de no ser por la existencia de éstos tendrían muy difícil el acceso al mercado laboral. Hasta aquí bien, pero hecha la ley…

Muchos de estos C.E.E. con el tiempo han empezado a parecerse más a empresas corrientes, alejándose de la función social que deberían realizar, así es como articulando la ley a su favor suceden cosas que se alejan mucho de la imagen ofrecida a la sociedad.

Podría empezar mencionando la precariedad salarial, donde los sueldos mínimos se encuentran por debajo del mínimo interprofesional, un sistema de trabajo de chinos, en el que es prácticamente imposible progresar tanto salarial como profesionalmente, me refiero a sitios donde se roza la explotación laboral y la coacción, donde quejarse puede significar la expulsión del centro de trabajo. Sitios que actúan de manera vampírica, donde a las personas se las encierra en guetos, lugares que en vez de parecer centros de trabajo se asemejan a centros de contención; donde la impostura es rendir pleitesía a cambio de lo poco que se recibe.

En el sistema de los C.E.E. se envía a las personas a trabajar en un puesto concreto sin importar las capacidades y en ocasiones poco importa el tipo de discapacidad cuando se trata de llenar una vacante en una línea de producción.

También podría mencionar a una importante organización nacional que en la publicidad se muestra de brazos abiertos mientras que en la realidad si no se llega a un objetivo de ventas se despide a la persona, da igual su discapacidad o su necesidad, importan los números. Haciendo referencia a la palabras nacional y españoles en su siglas, debo acotar que si no se es un discapacitado nacionalizado español, no se le atiende.

También quisiera mencionar a una entidad que ofrece trabajo y residencia a sus afiliados, a los que se descuenta de la pensión de los mismos una importante suma de dinero por los servicios ofrecidos y apenas se les abona 25 € mensuales por su trabajo. Si este no es hacer negocio…

Pero hay más, así como la ley permite la implementación de centros especiales de trabajo, también existen centros de día y recidencias; en su mayoría se financian con un sistema de ingresos mixto, una parte la abonan los residentes (de su pensión) y otra los diferentes ayuntamientos, diputaciones o comunidades autónomas. El funcionamiento de estos centros es lo más parecido a una cárcel, horarios para despertar, para asearse, para desayunar, para realizar actividades, para comer, para cenar e incluso para dormir.

A esto habría que añadirle la falta de intimidad que padecen las personas (sistemas de puertas abiertas, habitaciones compartidas, dar explicaciones de lo que se hace), una restricción de horarios que dificulta incluso a personas que quieren estudiar o hacer vida social y no pueden por este tipo de normas.

La incompetencia profesional es otro atenuante, ya que se trata a las personas como a objetos.

Personalmente debo decir que solo conozco a una sola persona que está a gusto residiendo en un centro, puesto que disfruta de una libertad excepcional en comparación con otras personas y esto se debe su principalmente a su carácter.

Está claro que para este tipo de entidades un paciente equivale a un cliente y un cliente es igual a dinero. Suma y sigue…

Uno de los efectos más devastadores de lo que yo llamo la era del selfie es la responsabilidad social corporativa (RSC) o responsabilidad social empresarial (RSE), sinceramente, cada vez que escucho sobre alguna empresa que implemente estas prácticas me invade un gran sentimiento de desconfianza. Ojo, hay empresas que desean cumplir una labor social importante involucrándose en el tercer sector y sus necesidad, conozco casos, pero no son la mayoría.

Detrás de la fachada de las siglas se encuentra el negocio de la mano de obra barata, una persona con discapacidad cobra un 15 % menos de sueldo que una persona sin discapacidad, además, las empresas reciben importantes beneficios fiscales, por lo que en resumen, un trabajador con discapacidad le sale a las empresas entre un 50 y un 60% más barato que un empleado ordinario. Lógicamente queda mucho mejor decir somos solidarios a decir somos avariciosos y para ganar dinero nos aprovechamos de lo que sea.

Uno de los grandes problemas de las empresas ordinarias es la falta de capacitación a su personal a la hora de trabajar con personas discapacitadas, me tocó vivir la experiencia de una encargada que decía a viva voz que no le gustaban los discapacitados, pero no solo me refiero a mandos intermedios, sino también a los departamentos de recursos humanos (podría decir mucho sobre esto, lo visto y lo vivido daría vergüenza ajena) y empleados de base, que en ocasiones maltratan a los compañeros con discapacidad. Pero es preferible para las empresas hacer oídos sordos a esta situación, no la desconocen, al contrario, pero les importa mucho el titular en los medios mostrándose solidarios.

Afortunadamente he visto tanto que ya es poco lo que me sorprende, pero como usuario activo de las redes sociales observo diariamente como entidades con nombres pomposos se entregan premios las unas a las otras y sonríen y de vez en cuando muestran a algún discapacitado, con apariencia de discapacitado, para que se note lo que hacen y la persona común, la que está ajena a todo esto crea en la falsa buena voluntad.

Lamentablemente dentro de esta dinámica a las personas discapacitadas se les hunde la moral, se les machaca la autoestima, no se prima el desarrollo, ni se favorece la independencia (personal y económica), se les ata para que no les queden más opciones que seguir dentro ese círculo vicioso donde se habla mucho de recursos y poco de humanos.

Hay unos pocos que se llenan los bolsillos gracias a las necesidades del 10% de la población española y a esas personas no les importa que los discapacitados avancen, que salgan del encierro al que les tienen sometidos, solo les importan los números, seguir haciendo negocio. Dale que va…

La (no) importancia de tener un blog y la era del selfie

2000px-WordPress_blue_logo.svgCualquiera que haya visitado este blog puede darse cuenta que no sigo ningún patrón en cuanto a la publicación de posts, es más, he llegado incluso a decir en uno de ellos que dejé dos textos sin publicar.

Soy de los que piensan que mostrarse vulnerable es válido, por eso veo positiva la sinceridad al confesar que carezco de la disciplina necesaria para llevar adelante un blog “como es debido” (periodicidad, reciprocidad, especializarse en un tema concreto, estadísticas, etc.)

Veo que hemos llegado a un punto en el que se guardan las apariencias también en la red y creo que ese es el gran problema de la internet 2.1. A veces pienso que hasta la sinceridad está vista como un exceso, como algo que es mejor esconder, a esto es lo que llamo la era del selfie y la defino como lo que es: la autofoto; algo en lo que hay que sonreir y todo debe ser bonito y perfecto, desde aquello que de a conocer en mi blog hasta la foto de mi perfil de Facebook pasando por aquello que suba YouTube.

Este no es mi primer blog, de hecho creo que es el tercero. En el primero quise dar promoción a mis amigos metidos en temas artísticos y culturales, en menos de un año llegué a tener una docena de seguidores, pero al empezar a dar con gente nueva, personas que me pedían que hablara sobre ellos empecé a sentirme agobiado por las exigencias de llevarlo “como es debido” y finalmente lo dejé. Mi segundo blog daba muestra de los temas que diseñaba para la tienda Nokia, prácticamente no me requería ningún esfuerzo y era necesario para la publicación de los trabajos, el mismo expiró cuando me informaron que dejarían de invertir en Symbian. Como mencioné anteriormente creo que este es el tercero y a la vista está lo que hago.

Hace un par de semanas estaba dando una explicación sobre mi proyecto de integración a las personas con discapacidad, cuando fui interrogado acerca de si tenía un blog, si volcaba mis palabras en él; obviamente respondí que sí. Por supuesto que tengo un blog, todo el mundo tiene un blog, estamos saturados de blogs y blogueros (entre los que me incluyo).

Tengo una presencia digital bastante importante, cualquier que escriba mi nombre podrá saber todo acerca de mí y de cada proyecto que he emprendido, basta solo con detenerse en mis enlaces sociales para saber quien soy y que es lo que pienso, es por eso que llegados a este punto la necesidad creada de tener un blog me parece una carga y abro el siguiente interrogante: Hasta qué punto es necesario tener que demostrar que se sabe sobre algo?

Me cansé de leer blogs vacíos de contenido, cuyos posteos han sido paridos desde la desesperación de mostrar profesional al autor, de hacerle parecer ilustrado, auténticos copy and paste; parece ser que en la era del selfie para especializarse sobre un tema hay que bloguearlo.

A mí sinceramente me dejarían sin argumento, porque si vuelco todo mi conocimiento en un blog, qué podré decir como novedad a aquellos que recurran mis servicios? No me gusta esa cosa de escribir sin decir nada y dejar al lector con el sabor a dulce en la boca y sin haber probado bocado, con el mensaje subliminal de si quieres saber más contrata mis servicios y paga por lo que valgo, qué clase de ser superior me creería si yo también hiciera eso? Dónde termina la ética y dónde empieza lo profesional?

La reputación no se mide con posteos, se mide en calidad humana.

Si ya tengo twitter que se supone que sirve para crear microblogs, para qué quiero más? Ya lo sé, seguramente alguien dirá que para que me conozcan mejor, para que den conmigo más fácil, para generar mas tráfico a mi web etc.

La situación económica general ha hecho que se cotizaran mejor aquellos profesionales que pudieran acreditar sus virtudes y esa tendencia es la que nos ha llevado al exceso de demostración, esa especie de obsesión por validar aptitudes a través de la pantalla. Mayor cantidad de posts no tiene por qué ser igual a mayor calidad profesional, por eso, y como fruto de esto es que tropiezo muchas veces con blogs inertes, donde la necesidad ocupa un espacio fundamental.

Personalmente no permito que la necesidad de publicación domine mi necesidad de publicar y es más, aunque parezca soberbio puedo permitirme la contrariedad de decir en un blog lo que opino del blog y sigo siendo igual de profesional que si posteara “como es debido”.

El post que no fue

imagesAcostumbrado a escribir dejé en formato antiguo (papel) dos entradas que todavía no se si debería publicar, la una trata acerca de la manera de percibir la relación entre empleados y empleadores y la otra sobre la gestión de la comunicación en las empresas. Lamentablemente llegué al punto en que al intentar escribir desde la objetividad y la imparcialidad casi caigo en la trampa del juzgamiento, no se si llegué a juzgar, pero vi los dientes de la tentación. A través de este blog quise dar validez a mis aptitudes de LinkedIn, aptitudes que son tan válidas como las palabras que escribo, además, fui contando experiencias tanto personales como laborales y es en estas últimas en las que más me he enfocado. Uno de los distintivos que quería que tuviera este blog era una pizca de informalidad, esa que aparece cuando comparo mi infancia con la logística o cuando hablo acerca de mi discapacidad, por eso, dentro de esa imperfección me permito también no hablar de nada, sincerarme con el lector reconociendo que lo políticamente correcto está de más ahora mismo. Esa manera de proceder es la que hace que no exista una periodicidad entre una publicación y otra, me da libertad y me quita de encima la presión de tener que satisfacer a mis lectores. Parece una postura egoísta, no recomendada por los entendidos del blogging, pero tal vez en esta contrapostura me siento mucho más cómodo y feliz, de hecho, este post es fruto de ello. El post que no fue me permite hacer un descargo acerca de algo que no me parece y a la vez, me acerca al lector diciendo que la falta de contenido no se debe a la falta de ideas, sino al exceso de pensamiento dual.

Proactividad

ProactividadHace poco, durante una entrevista radial, uno de los locutores enfatizó mi cualidad proactiva, a pesar de sentirme así (proactivo) y de haberlo incluido en una de mis 50 skills de LinkedIn, nunca me la habían o tal vez nunca presté atención si es que antes me lo dijeron, pero el hecho es que me sorprendió bastante, me sorprendió gratamente escucharlo, sentir la validez de esa aptitud y confirmar que realmente es así.

Puede que alguien al leerme piense que esta afirmación la realizo desde el ego, pero nada mas lejos de la realidad.

Hilando en el mar de los recuerdos, podría decir que empecé a desarrollar la proactividad con el afán de superación, tal vez la primera vez que tomé una decisión por iniciativa propia fue cuando decidí ponerme de pie y volver a caminar después de mi accidente, después aparecen las primeras competencias mentales (aprendí a desarrollar la inteligencia a falta del buen estado físico), jugué con la astronomía y las matemáticas hasta que descubrí las letras y continué divirtiéndome.

Estimular mi capacidad creativa impulsó mi imaginación, permitiendo que me atreva a experimentar con más cosas. Está claro que para poder realizar todo esto, el atreverme a hacer cosas, jugó un papel muy importante.

Puedo decir que en mi caso, la proactividad deriva de la necesidad de no sentirme permanentemente quieto y haciendo siempre lo mismo. Incluso este blog es fruto ello.

Profesionalmente hablando, hubo más de lo mismo. Varias veces caí en la trampa y propuse y desarrollé mejoras en puestos y empresas que ahora son parte del pasado.

Decía al comienzo del post que hace poco durante una entrevista radial destacaban mi proactividad y se debe a que después de tropezar muchas veces con la misma piedra he decidido aprovechar mi experiencia de vida, conocimiento y aptitudes en un proyecto que trasciende lo laboral, porque no solo se trata de colaborar en la integración de las personas con discapacidad, sino que al ayudar con la integración de otros, también me estoy integrando a mí mismo a un universo totalmente nuevo y en el que me gusta poder navegar.