Gracias

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Guardo en la recámara de los posts sin publicar (y del olvido) el más duro que hasta ahora he escrito, demasiado fuerte, demasiado duro, demasiado fuera de lugar.

Suelo decir que hay que ser autocríticos y debo reconocer que me dejé llevar por las emociones negativas, que son las más fáciles de expresar y en algún punto me olvidé de ver y reconocer lo positivo de toda esta experiencia destinada a tender puentes hacia la integración real de las personas con discapacidad.

Hay momentos en los que cuesta ver la luz, pero existe; por eso, desde este instante de luz quisiera enviar un agradecimiento muy especial a todas aquellas personas que desde distintas partes del mundo me envían su afecto y cariño de diferentes maneras, ya sea de forma personal, por correo electrónico, comentando, compartiendo o dando un “Me gusta” a alguno de mis vídeos o posteos.

Hace más de un año y medio que empecé este proyecto, al que dedico tiempo y cariño, con la esperanza de alcanzar la tan mencionada integración como paso previo a la igualdad.

Tengo la enorme fortuna de que entre toda la gente que alguna vez ha visto o leído lo que hago, hay personas de diiversos ámbitos y situaciones, lo que me ha enriquecido mucho dentro de este aprendizaje. La vida es un continuo aprendizaje, se tenga o no se tenga una discapacidad, de todo se aprende, no solo de los errores, sino también de los aciertos y creo que con esta relación que estoy encarando con vosotros estoy acertando.

Este post, por muy pequeño que sea, no es más que para agradeceros por estar del otro lado, haciendo posible que el milagro suceda y que cada miércoles me ponga delante de un teléfono y emita en Periscope lo que un día después estará en YouTube o a los lectores de este mi blog o de mi LinkednIn Pulse. Gracias.

Muchas gracias por estar ahí.

Hasta otra!

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Inclusión forzada versus inclusión real

columpio
Cuando era chico éramos más tolerantes, todos, no existía tanto afán de separación o de notoriedad. Tampoco existía internet y eso hacia que las cosas fluyeran a su debido tiempo, sin las prisas propias de la inmediatez que puede tener hacer un click y que algo suceda.

La discapacidad era más difícil, al menos la que yo recuerdo. Hay que reconocer que la tecnología avanzó en el sentido de la comodidad y eso ayudó a la integración, propia y ajena.

Hace tiempo vengo dándome cuenta que desde el colectivo de la discapacidad se ha puesto de moda cierta corrección política, cierta impostura fruto más de la revancha (a mi entender) que de las ansias de igualdad.

Para empezar voy a hablar de la terminología, a pesar de ser personas con discapacidad ( y no lo digo yo, lo dice la O.N.U.) hay quienes se esfuerzan en resaltar que se trata de diversidad funcional, vamos, ni que fuera que todos funcionásemos de igual manera.

Dentro de esta dinámica revanchista (a mi entender) también está de moda pedir todo inclusivo, del modo que sea.

En la era del selfie, algunas redes sociales han potenciado este movimiento.

La imagen que ilustra este post es el claro ejemplo de a lo que me refiero, no es que esté en contra de este tipo de iniciativas, pero es que a veces veo y escucho cosas que rozan el ridículo. Reitero, estoy a favor de este tipo de iniciativas, de lo que no estoy a favor es de la tontería que se mueve alrededor, de la falta de sentido común.

Como colectivo nos quejamos del paternalismo y sin embargo, en vez de ser proactivos no hacemos más que pedir. De pedir, que nos den, porque somos víctimas, porque lo pasamos mal. Vamos bien, eh?

Afortunadamente y dada la condición de mi discapacidad, tengo la capacidad de tener una visión dual ante una misma situación y eso es un punto fuerte que me permite tener ideas a veces más objetivas.

Desde algunos sectores del colectivo de la discapacidad se tiene la creencia de que al estar rodeado (sea del modo que fuere) de personas sin discapacidad se ha logrado la inclusión, nada mas lejos de la realidad. Se confunde el término inclusión con integración y se desconoce el significado real de éste último.

Si mi yo niño hubiera ido a un parque y se hubiera montado a un columpio de estos seguiría igual de infeliz, porque los demás serían bípedos y yo no.

A veces pienso que se trata de quejarse por quejarse y me refiero a las cosas que rozan el ridículo.

Yo soy zurdo, cuando mi abuela lo supo insinuó que se me atara la mano así era igual que los demás, tal y como ella hizo con dos de mis tíos; pero no fue así, aprendí a desenvolverme en un mundo hecho para diestros.

Me viene a la memoria cuando un profesor de plástica no me quiso aprobar porque decía que al usar la mano izquierda no me saldría nunca bien la letra técnica. La verdad es que al principio me molestó pero le resté importancia, al año siguiente tuve una profesora que me aprobó la materia y ahí se acabó la historia.

Podría haberme enfado, decir que se me excluía, que no se aceptaba mi derecho a un aprendizaje digno, pero es que sinceramente, mi capacidad personal estaba muy por encima de la visión de aquella persona.

El tema es que en la discapacidad (y salvando las distancias) parece ser que todo lo que no sea inclusivo se considera discriminación. Podría dar otros ejemplos, pero seguramente habrá quien se lo tome mal.

Yo fui un niño que tuvo sus momentos de felicidad, recuerdo que antes de volver a caminar me divertía con mi hermano y un amigo y eso que eran ellos los que podían moverse, jamás se me ocurrió quejarme de algo que desconocía.

En mi grupo, con mis amigos, estuve siempre integrado (e incluido), la discapacidad no fue un obstáculo en la relación y así sigo hasta hoy.

Las personas sin discapacidad también tienen sus dificultades y sin embargo no se autodiscriminan, ni exigen en función de lo que no pueden hacer. Ser iguales, también es poder hacer o no hacer unas determinadas cosas según las capacidades o aptitudes que se tengan.

Pedimos que nos lo simplifiquen todo sin que nos miren diferente “es por lo que no pueden” dicen quienes recurren al argumento más fácil, “es que me pagan poca pensión” cuando igual el que está al lado tenga o no tenga discapacidad no recibe nada. En algunos sectores de la discapacidad hay mas ego que empatía.

La integración es algo que se da solo, una consecuancia, algo que no se fuerza, que se hace cuando las personas se muestran abiertas a dar y recibir sin intenciones ni pretensiones y por supuesto, al estar integrado, se está incluido, sin dudas.

Creo que esto lo dije en otro post y lo vuelvo a decir, soy de los que creen que moriremos de corrección política, parece ser que hablar de discapacidad tiene que ser hacer demagogia y que no se puede criticar al colectivo, ni desde fuera y mucho menos desde dentro.

Es como si los traumas de la niñez de unos pocos (pero ruidosos) tomaran forma de venganza y se suele atacar desde el disfraz del pedido de inclusión.

Transmitir nuestro resentimiento a las generaciones venideras es cargarles con un problema que es nuestro y que no supimos solucionar. Hay que poner un punto medio.

Inclusión no es igual a integración, inclusión es muy distinto a igualdad.

Está claro que en materia de accesibilidad aun quedan cosas por hacer y poco a poco se va a avanzando, a veces cuesta, pero se está creando una inercia que formará un movimiento natural que dará pie a una inclusión real si nosotros estamos preparados y cuando estemos incluidos, cuando las cosas se den por sí mismas, alcanzaremos el camino de la integración y recorriéndolo, aprendiendo de él, solo así podremos alcanzar la igualdad, pero para eso hay dar el primer paso y el primer paso es cambiar la actitud, es dejar de lado los rencores y empezar a realizar el futuro. Es posible, de todos depende.

Sobre las reacciones acerca de El negocio de la discapacidad

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Cuando escribí El negocio de la discapacidad lo hice para cerrar algunas de las ideas expuestas en La discapacidad laboral, lo que no esperé en ningún momento fue la trascendencia de dicho post.

A día de hoy las estadísticas dicen que fue visto unas 678 veces (la gran mayoría durante los primeros 20 días después de su publicación), tiene 3 Me Gusta, obtuvo 7 comentarios (de 5 usuarios diferentes), ha sido compartido 81 veces en LinkedIn, 9 veces en Twitter, 58 en Facebook y otras 5 en Google+. Debo decir que hasta el momento es mi post más popular.

Lo curioso es que en cuanto a comentarios, los negativos (públicos) superan a los positivos (privado). De los comentarios negativos solo una persona se identificó y argumentó las mismas palabras tanto en el blog como en LinkedIn, a pesar de las diferencias de opinión me alegra saber que al menos una persona haya “dado la cara”. En cuanto a los comentarios positivos solamente uno fue hecho por una persona identificada, el resto llegaron todos por privado. El criterio entre lo negativo y lo positivo lo marca el estar a favor o en contra de lo escrito.

Me llamó enormemente la atención que los comentarios favorables hayan sido de manera privada, realizados por personas con discapacidad que se tomaron la molestia de buscar mi sitio web y enviarme su opinión o quienes respondieron al blog pidiendo que no publique sus opiniones.

Una de las premisas de 50skills es la publicación de todos los comentarios, tanto a favor como en contra de cada posteo, está en mi mano la posibilidad de aprobar o rechazar cada uno, pero así y todo, decidí permitir las opiniones contrarias.

Al otro lado, en mi bandeja de entrada, llegaban emails de personas con discapacidad felicitando mi atrevimiento, hubo quienes lo dijeron sin decir y otros lo plantearon abiertamente, pero existe miedo de opinar sobre la manera en que las empresas trabajan con personas con discapacidad.

Por respeto a esas personas no publicaré sus dichos pero iban desde los insultos hacia algunas de las respuestas a planteamientos muy serios de la situación real a la que tiene que enfrentarse una persona con discapacidad de cara al mercado laboral.

Es triste saber que existe el miedo a la opinión. Se dice que cuando una persona cree en algo no hace más que potenciarlo, debe ser que yo creo que una buena parte del mercado laboral se aprovecha de las personas con discapacidad, pues es con lo que me he encontrado.

Esto también pasa en el empleo ordinario, está claro que se somete a través del miedo, pero la diferencia es que en el caso de la discapacidad el mercado laboral es muy pequeño y muchas veces se obliga a las personas a conformarse con lo que hay, como si eso fuera demasiado, obligándola casi a una gratitud eterna hacia el mecenas.

Hace poco, durante una reunión decía que desde algunos sectores se pretende instalar la idea que una persona con discapacidad teniendo un empleo es feliz y nada más lejos de la realidad. Por supuesto que la solvencia económica ayuda al ánimo de las personas, pero no es lo único, hay otras cosas, entre ellas el desarrollo personal. Pero en el post hago referencia a esos “guetos” (como les llaman algunos) donde se encierra certificados de discapacidad y no personas, donde la manera de proceder es digna del siglo pasado o a esas empresas que refugiándose en la sigla RSC abaratan costes y aumentan sus ganancias.

Sigo pensando en que la responsabilidad es nuestra, de las personas con discapacidad, que está en nuestras manos revertir esta historia; soy consciente que cada casa es un mundo y que cada persona tiene una situación diferente a la otra.

Si llegamos a este punto, al miedo, es porque poco a poco hemos ido cediendo.

Ojalá este post deje otro tipo de comentarios públicos.

El negocio de la discapacidad

negocio discapacidad - copia

Puede que de todos los posts que he publicado este sea uno de los mas arriesgados, quienes me siguen saben que no me limito a la hora de escribir.

Vuelvo una vez más a recordar el post que no fue y uno de ellos fue el que dio origen a éste, que en su titular lo dice todo. Cuando hablé acerca de la discapacidad laboral dije un poco lo que pienso a este respecto.

En la era del selfie, y de lo políticamente correcto, atreverse a decir que existe una mentira muy grande en las intenciones de algunas entidades a la hora de tratar con personas con discapacidad es dar un paso muy grande, pero necesario.

Se transmite un mensaje a la población en el que se dice que una persona con discapacidad es feliz trabajando y se llega hasta ahí, claro, ahí es donde está el negocio.

Los llamados Centros Especiales de Empleo (C.E.E.) cumplen una función social muy importante, puesto que brindan oportunidades laborales a personas que de no ser por la existencia de éstos tendrían muy difícil el acceso al mercado laboral. Hasta aquí bien, pero hecha la ley…

Muchos de estos C.E.E. con el tiempo han empezado a parecerse más a empresas corrientes, alejándose de la función social que deberían realizar, así es como articulando la ley a su favor suceden cosas que se alejan mucho de la imagen ofrecida a la sociedad.

Podría empezar mencionando la precariedad salarial, donde los sueldos mínimos se encuentran por debajo del mínimo interprofesional, un sistema de trabajo de chinos, en el que es prácticamente imposible progresar tanto salarial como profesionalmente, me refiero a sitios donde se roza la explotación laboral y la coacción, donde quejarse puede significar la expulsión del centro de trabajo. Sitios que actúan de manera vampírica, donde a las personas se las encierra en guetos, lugares que en vez de parecer centros de trabajo se asemejan a centros de contención; donde la impostura es rendir pleitesía a cambio de lo poco que se recibe.

En el sistema de los C.E.E. se envía a las personas a trabajar en un puesto concreto sin importar las capacidades y en ocasiones poco importa el tipo de discapacidad cuando se trata de llenar una vacante en una línea de producción.

También podría mencionar a una importante organización nacional que en la publicidad se muestra de brazos abiertos mientras que en la realidad si no se llega a un objetivo de ventas se despide a la persona, da igual su discapacidad o su necesidad, importan los números. Haciendo referencia a la palabras nacional y españoles en su siglas, debo acotar que si no se es un discapacitado nacionalizado español, no se le atiende.

También quisiera mencionar a una entidad que ofrece trabajo y residencia a sus afiliados, a los que se descuenta de la pensión de los mismos una importante suma de dinero por los servicios ofrecidos y apenas se les abona 25 € mensuales por su trabajo. Si este no es hacer negocio…

Pero hay más, así como la ley permite la implementación de centros especiales de trabajo, también existen centros de día y recidencias; en su mayoría se financian con un sistema de ingresos mixto, una parte la abonan los residentes (de su pensión) y otra los diferentes ayuntamientos, diputaciones o comunidades autónomas. El funcionamiento de estos centros es lo más parecido a una cárcel, horarios para despertar, para asearse, para desayunar, para realizar actividades, para comer, para cenar e incluso para dormir.

A esto habría que añadirle la falta de intimidad que padecen las personas (sistemas de puertas abiertas, habitaciones compartidas, dar explicaciones de lo que se hace), una restricción de horarios que dificulta incluso a personas que quieren estudiar o hacer vida social y no pueden por este tipo de normas.

La incompetencia profesional es otro atenuante, ya que se trata a las personas como a objetos.

Personalmente debo decir que solo conozco a una sola persona que está a gusto residiendo en un centro, puesto que disfruta de una libertad excepcional en comparación con otras personas y esto se debe su principalmente a su carácter.

Está claro que para este tipo de entidades un paciente equivale a un cliente y un cliente es igual a dinero. Suma y sigue…

Uno de los efectos más devastadores de lo que yo llamo la era del selfie es la responsabilidad social corporativa (RSC) o responsabilidad social empresarial (RSE), sinceramente, cada vez que escucho sobre alguna empresa que implemente estas prácticas me invade un gran sentimiento de desconfianza. Ojo, hay empresas que desean cumplir una labor social importante involucrándose en el tercer sector y sus necesidad, conozco casos, pero no son la mayoría.

Detrás de la fachada de las siglas se encuentra el negocio de la mano de obra barata, una persona con discapacidad cobra un 15 % menos de sueldo que una persona sin discapacidad, además, las empresas reciben importantes beneficios fiscales, por lo que en resumen, un trabajador con discapacidad le sale a las empresas entre un 50 y un 60% más barato que un empleado ordinario. Lógicamente queda mucho mejor decir somos solidarios a decir somos avariciosos y para ganar dinero nos aprovechamos de lo que sea.

Uno de los grandes problemas de las empresas ordinarias es la falta de capacitación a su personal a la hora de trabajar con personas discapacitadas, me tocó vivir la experiencia de una encargada que decía a viva voz que no le gustaban los discapacitados, pero no solo me refiero a mandos intermedios, sino también a los departamentos de recursos humanos (podría decir mucho sobre esto, lo visto y lo vivido daría vergüenza ajena) y empleados de base, que en ocasiones maltratan a los compañeros con discapacidad. Pero es preferible para las empresas hacer oídos sordos a esta situación, no la desconocen, al contrario, pero les importa mucho el titular en los medios mostrándose solidarios.

Afortunadamente he visto tanto que ya es poco lo que me sorprende, pero como usuario activo de las redes sociales observo diariamente como entidades con nombres pomposos se entregan premios las unas a las otras y sonríen y de vez en cuando muestran a algún discapacitado, con apariencia de discapacitado, para que se note lo que hacen y la persona común, la que está ajena a todo esto crea en la falsa buena voluntad.

Lamentablemente dentro de esta dinámica a las personas discapacitadas se les hunde la moral, se les machaca la autoestima, no se prima el desarrollo, ni se favorece la independencia (personal y económica), se les ata para que no les queden más opciones que seguir dentro ese círculo vicioso donde se habla mucho de recursos y poco de humanos.

Hay unos pocos que se llenan los bolsillos gracias a las necesidades del 10% de la población española y a esas personas no les importa que los discapacitados avancen, que salgan del encierro al que les tienen sometidos, solo les importan los números, seguir haciendo negocio. Dale que va…

La discapacidad laboral

la discapacidad laboral

En un principio tenía pensado escribir este post de una manera muy cruda y directa, pero me di cuenta que al hacerlo podría dejar en una situación comprometida a personas, entidades y empresas, por eso decidí que la mejor manera de hacerlo es comentar desde un punto de vista lo menos hiriente posible; se hace difícil porque dentro de estas letras también hay parte de mi historia, pero intentaré hacerlo de la mejor manera posible.

No es mi intención atacar a nadie en concreto, sino mas bien, intento mostrar la realidad del mundo laboral cuando de discapacidad se trata. La finalidad del título es reflejar la situación real del sector laboral frente a las personas con discapacidad y viceversa, pues desde ambos lados existen responsabilidades.

Me parece oportuno tratar el tema comenzando primeros por las empresas, luego por los Centros Especiales de Empleo y en tercer lugar, las personas discapacitadas.

Desde las empresas existe una creciente demanda empleados con discapacidad, en parte gracias a la coyuntura económica, a los empleadores les resulta mas rentable un trabajador con discapacidad que sin ella, el problema surge cuando lo que se contrata es un certificado de minusvalía y no un trabajador. Esto significa que hay empresas a las que aparentemente les da igual el perfil que se contrata siempre y cuando posea un 33% mínimo de minusvalía, en parte para ahorrarse ciertos gastos y en parte también para cumplir con la (anticuada) LISMI.

Otro fallo de las empresas es que forman deficientemente o no forman a los mandos ni al personal de base para que sepan como tratar con una persona discapacitada dentro.

Por otra parte, la gran mayoría de los contratos de este tipo están escritos de un modo muy genérico, sin tener en cuenta si las labores a realizar pueden afectar o no al trabajador en función de su discapacidad; un ejemplo de esto puede ser que a una persona con problemas de audición se la ponga a realizar el mismo trabajo que a otra con problemas de espalda, sin tener en cuenta (en dicho contrato) que uno podría necesitar unas condiciones de descanso más flexibles que el otro, un error muy común y en el que los departamentos de RRHH no reparan.

También hay empresas que no contratan personas con discapacidad, existe la creencia que un discapacitado podría ocasionar problemas, faltar y en ocasiones los perfiles que incluyen en su C.V. que poseen una minusvalía son rechazados, sin importar la capacidad para realizar las labores en cuestión.

Los llamados C.E.E. cumplen una función social muy buena, ya que fomentan la inclusión de las personas con diferentes discapacidades dentro de un entorno laboral, pero a la vez pecan de obsoletos en más de un caso.

Quisiera enumerar algunos de los errores más frecuentes de los C.E.E.:

* Sueldos bajos. Los salarios de muchos de los trabajadores de estos centros roza el mínimo interprofesional, provocando descontento desde algunos sectores de los mismos. Recuerdo que una vez indagué acerca del por qué de ésta cuestión y se me respondió diciendo que se debe a que muchas de las personas trabajadoras poseen una pensión, aduje que en mi caso no recibo nada de dinero por mi discapacidad, pero nuevamente se me argumento que así era el reglamento.

* Trabajos mecánicos e infravaloración. Es cierto que muchas de las personas empleadas en los diferentes centros poseen discapacidades físicas o mentales graves y que realizar un trabajo de estilo mecánico es la mejor forma de aportar, pero la realidad muestra también que existen talleres donde se agrupan a personas de diferentes tipos y niveles de minusvalía haciendo tareas mecánicas, lo que impide que aquellos que tienen capacidades para realizar otro tipo de trabajos no los hagan, relegándoles a un puesto inferior a sus propias capacidades. Aquí hago un alto ya que se que se me puede responder diciendo que encima que dan trabajo… yo no me quejo de eso ni nada por el estilo, simplemente expongo que no se explotan las capacidades y el potencial de algunas personas al tenerlas haciendo labores manuales en cadena constantemente. También hay centro dedicados a diferentes áreas, en los que se ofrecen un abanico de posibles empleos a las personas, donde únicamente se tiene en cuenta si se encuentra físicamente apto o no para realizar dicha labor, dejando totalmente de lado su curriculum y capacidades.

* Desigualdad en la toma de decisiones. Existen C.E.E. donde una parte considerable de los puestos de mandos intermedios y jerárquicos no están conformados por personas discapacitadas, de hecho se de alguno que en las ofertas que publica para ocupar puestos de mandos no pide personas con discapacidad.

* Inclusión ineficaz en otro tipo de empresas. Muchos de los C.E.E. practican la inclusión en empresas formales, el problema aquí reside en las empresas receptoras, pues muchas veces no están preparadas para recibir a una persona discapacitada, lo que conlleva problemas de integración. Las veces que esa integración es satisfactoria, el trabajador, al ser discapacitado tiene menos oportunidades, ya sea para que se le realice un contrato indefinido o en caso de suceder esto, su discapacidad actúa como un estigma dificultándole la mejoría en su carrera profesional; un ejemplo de ello es la dificultad añadida que tienen las personas discapacitadas para ser promocionadas. Aquí el error reside tanto en la empresa receptora (por no desarrollar una correcta ética de inclusión) y en los C.E.E. ( por no brindar herramientas ni recursos para que la integración real sea posible). Puede haber responsabilidad también por parte del trabajador, pero considero que es mínima en comparación con el deber de las empresas, ya que son éstas las que deciden el futuro laboral del mismo.

Por parte de las personas discapacitadas también existe una cuota de responsabilidad. Muchas veces por cuestiones de necesidad, otras por baja autoestima, pero se posibilita prácticas como el mobbing, se piensa que por ser minusválido se es un trabajador de segunda, se toleran circunstancias que de no existir un certificado de discapacidad de por medio, no sucederían.

Es importante para una persona discapacitada cambiar la actitud, perder el miedo a incluir la discapacidad en el curriculum, afrontar la situación personal y asumirse tal como uno es, pues lo que vemos de nosotros es lo que los demás percibirán.

Añado también que llama mucho la atención como a pesar de que existen varios colectivos de personas discapacitadas, ni desde el gobierno ni desde algunos de los más importantes agentes sociales se propone la modificación y actualización de la LISMI.

Lo expuesto es este post no trata de hacer un campaña de sensibilización, sino de plasmar realidades con la finalidad de que comiencen a realizarse políticas de inserción e inclusión que faciliten y promuevan la integración real de las personas discapacitadas dentro del medio laboral.

Resiliencia

La resiliencia se entiende como la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y ser transformado positivamente por ellas”

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Cuando tenía seis años pasé de viajar arriba de un autobús a terminar siendo arrollado por el mismo. Tuve que volar desde el sur de Argentina hasta un hospital en la capital para que me amputaran la pierna izquierda, previo intento de reconstrucción.

Cuentan que al llegar al lugar el serrucho me estaba esperando, pero una decisión acertada de mis padres impidió que aquello sucediera.

Siete operaciones en casi un mes y medio y una colección de traumas hicieron posible que me dieran de alta.

A partir de entonces tenía que convivir con mi pierna izquierda reconstruida entre la rodilla y el pie, fractura de pelvis y tobillo, cicatrices en ambas piernas desde las rodillas a las ingles, ya que de ahí se aprovechó piel para hacerme injertos, además de escoliosis y hasta ese momento era eso.

Obviamente los cuidados tenían que ser extremos, la mínima infección podía derivar en gangrena y si había gangrena había amputación; no recuerdo la picazón, pero si recuerdo que a pesar de dormir con las manos atadas para evitar que me rasque y me lastime, al despertar ambas estaban rojas.

Según los hombres de la bata blanca, la silla de ruedas sería mi amiga inseparable, pero esas cosas que tiene la mente hicieron que soñase que caminaba y así, unas horas antes de ir a elegir mi medio de transporte una fuerza me impulsó para ir sosteniéndome, en pie y aferrándome a las paredes pude llegar y quedarme quieto en el mismo lugar que había soñado. Si, los sueños pueden hacerse realidad.

Hubo que hacer un cambio importante en el tratamiento, tenía posibilidades de volver a caminar.

Fue con siete años y un par de días que tuve volver a aprender a ponerme de pie y a dar mis primeros pasos por segunda vez en la vida.

Nuevamente los médicos dictaminaron y dijeron que quedaría rengo, cojo, que entre los problemas de las piernas y la espalda llegaría a los treinta años con bastón.

Tres meses después estaba caminando sin ningún tipo de inconvenientes, me cansaba más, no usaba pantalones cortos (el ojo de la gente hacía efecto sobre mi cuerpo), llevaba protecciones de crema cicatrizante, gomaespuma y vendas elásticas que además de pesar y picar hacían de musculatura y protección.

Me dijeron que hacia los dieciocho años y según como vaya creciendo esa malla (esa era el nombre de lo que me habían hecho) realizarían una operación que estiraría mi piel sana y recubrirían las heridas, una cuestión de estética y una esperanza que desapareció el día que me dijeron que crecí demasiado, que sería imposible. Me disgustó, pero no lloré, no lloré tanto, por aquel entonces fue una desilusión más causada por mi pierna.

Paralelamente los problemas de espalda y de circulación iban creciendo a mi lado, los analgésicos fueron cada vez más fuerte y los dolores también.

Por esas cosas que tiene la ambición humana, aquello que debería haber sido para mis cuidados fue esfumado por las personas menos pensadas y en soledad, con mis problemas físicos a cuestas seguí mi camino.

A esta altura debe darse por hecho que no recibí los tratamientos necesarios y en un determinado momento mi cuerpo dijo basta y de tanto en tanto un mes en cama acompañaba mis dolores y mi vida.

Al igual que cuando era pequeño, la necesidad y la fuerza interior me hicieron levantar de la cama y buscar una alternativa.

Hoy, pasada ya la dichosa barrera de los treinta, no llevo bastón, los dolores duelen, pero duelen menos, las heridas físicas siguen ahí, presentes como tatuajes.

Orgulloso puedo salir al mundo y decir que todo eso es parte de mí. El haber superado las expectativas de los que saben, el mirar debajo de mi cintura y no sentir vergüenza de mí mismo, porque todo eso, todo el dolor es lo que me ha hecho fuerte, lo que me ha hecho ser quien soy.

Es cierto, no he jugado mucho a fútbol, pero me dediqué a estudiar, me dediqué a conocer, a observar, a pulirme.

Nunca creí en mis dificultades y siempre me consideré igual a todo el mundo, por eso cada vez que contaba mi caso había quien no lo creía, porque siempre viví como el resto, haciendo cosas similares, aparentemente sin ningún tipo de problemas físicos, cuidándome un poco más, pero a la altura de las circunstancias.

No sólo las experiencias me han hecho fuerte, sino que me han vuelto más seguro de mí mismo, de mi capacidad. Discapacitado es una etiqueta social que hasta el día de hoy me queda pequeña.

He crecido continuamente mirando hacia adelante, por eso es que siempre busco superarme día a día, aprendiendo, mejorando hasta alcanzar cada objetivo, hasta superar cada desafío que se presente.

Tengo que admitirlo y lo digo con orgullo, estoy feliz de ser quien y como soy. Estoy muy feliz de ser resiliente.