Inclusión forzada versus inclusión real

columpio
Cuando era chico éramos más tolerantes, todos, no existía tanto afán de separación o de notoriedad. Tampoco existía internet y eso hacia que las cosas fluyeran a su debido tiempo, sin las prisas propias de la inmediatez que puede tener hacer un click y que algo suceda.

La discapacidad era más difícil, al menos la que yo recuerdo. Hay que reconocer que la tecnología avanzó en el sentido de la comodidad y eso ayudó a la integración, propia y ajena.

Hace tiempo vengo dándome cuenta que desde el colectivo de la discapacidad se ha puesto de moda cierta corrección política, cierta impostura fruto más de la revancha (a mi entender) que de las ansias de igualdad.

Para empezar voy a hablar de la terminología, a pesar de ser personas con discapacidad ( y no lo digo yo, lo dice la O.N.U.) hay quienes se esfuerzan en resaltar que se trata de diversidad funcional, vamos, ni que fuera que todos funcionásemos de igual manera.

Dentro de esta dinámica revanchista (a mi entender) también está de moda pedir todo inclusivo, del modo que sea.

En la era del selfie, algunas redes sociales han potenciado este movimiento.

La imagen que ilustra este post es el claro ejemplo de a lo que me refiero, no es que esté en contra de este tipo de iniciativas, pero es que a veces veo y escucho cosas que rozan el ridículo. Reitero, estoy a favor de este tipo de iniciativas, de lo que no estoy a favor es de la tontería que se mueve alrededor, de la falta de sentido común.

Como colectivo nos quejamos del paternalismo y sin embargo, en vez de ser proactivos no hacemos más que pedir. De pedir, que nos den, porque somos víctimas, porque lo pasamos mal. Vamos bien, eh?

Afortunadamente y dada la condición de mi discapacidad, tengo la capacidad de tener una visión dual ante una misma situación y eso es un punto fuerte que me permite tener ideas a veces más objetivas.

Desde algunos sectores del colectivo de la discapacidad se tiene la creencia de que al estar rodeado (sea del modo que fuere) de personas sin discapacidad se ha logrado la inclusión, nada mas lejos de la realidad. Se confunde el término inclusión con integración y se desconoce el significado real de éste último.

Si mi yo niño hubiera ido a un parque y se hubiera montado a un columpio de estos seguiría igual de infeliz, porque los demás serían bípedos y yo no.

A veces pienso que se trata de quejarse por quejarse y me refiero a las cosas que rozan el ridículo.

Yo soy zurdo, cuando mi abuela lo supo insinuó que se me atara la mano así era igual que los demás, tal y como ella hizo con dos de mis tíos; pero no fue así, aprendí a desenvolverme en un mundo hecho para diestros.

Me viene a la memoria cuando un profesor de plástica no me quiso aprobar porque decía que al usar la mano izquierda no me saldría nunca bien la letra técnica. La verdad es que al principio me molestó pero le resté importancia, al año siguiente tuve una profesora que me aprobó la materia y ahí se acabó la historia.

Podría haberme enfado, decir que se me excluía, que no se aceptaba mi derecho a un aprendizaje digno, pero es que sinceramente, mi capacidad personal estaba muy por encima de la visión de aquella persona.

El tema es que en la discapacidad (y salvando las distancias) parece ser que todo lo que no sea inclusivo se considera discriminación. Podría dar otros ejemplos, pero seguramente habrá quien se lo tome mal.

Yo fui un niño que tuvo sus momentos de felicidad, recuerdo que antes de volver a caminar me divertía con mi hermano y un amigo y eso que eran ellos los que podían moverse, jamás se me ocurrió quejarme de algo que desconocía.

En mi grupo, con mis amigos, estuve siempre integrado (e incluido), la discapacidad no fue un obstáculo en la relación y así sigo hasta hoy.

Las personas sin discapacidad también tienen sus dificultades y sin embargo no se autodiscriminan, ni exigen en función de lo que no pueden hacer. Ser iguales, también es poder hacer o no hacer unas determinadas cosas según las capacidades o aptitudes que se tengan.

Pedimos que nos lo simplifiquen todo sin que nos miren diferente “es por lo que no pueden” dicen quienes recurren al argumento más fácil, “es que me pagan poca pensión” cuando igual el que está al lado tenga o no tenga discapacidad no recibe nada. En algunos sectores de la discapacidad hay mas ego que empatía.

La integración es algo que se da solo, una consecuancia, algo que no se fuerza, que se hace cuando las personas se muestran abiertas a dar y recibir sin intenciones ni pretensiones y por supuesto, al estar integrado, se está incluido, sin dudas.

Creo que esto lo dije en otro post y lo vuelvo a decir, soy de los que creen que moriremos de corrección política, parece ser que hablar de discapacidad tiene que ser hacer demagogia y que no se puede criticar al colectivo, ni desde fuera y mucho menos desde dentro.

Es como si los traumas de la niñez de unos pocos (pero ruidosos) tomaran forma de venganza y se suele atacar desde el disfraz del pedido de inclusión.

Transmitir nuestro resentimiento a las generaciones venideras es cargarles con un problema que es nuestro y que no supimos solucionar. Hay que poner un punto medio.

Inclusión no es igual a integración, inclusión es muy distinto a igualdad.

Está claro que en materia de accesibilidad aun quedan cosas por hacer y poco a poco se va a avanzando, a veces cuesta, pero se está creando una inercia que formará un movimiento natural que dará pie a una inclusión real si nosotros estamos preparados y cuando estemos incluidos, cuando las cosas se den por sí mismas, alcanzaremos el camino de la integración y recorriéndolo, aprendiendo de él, solo así podremos alcanzar la igualdad, pero para eso hay dar el primer paso y el primer paso es cambiar la actitud, es dejar de lado los rencores y empezar a realizar el futuro. Es posible, de todos depende.

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La discapacidad laboral

la discapacidad laboral

En un principio tenía pensado escribir este post de una manera muy cruda y directa, pero me di cuenta que al hacerlo podría dejar en una situación comprometida a personas, entidades y empresas, por eso decidí que la mejor manera de hacerlo es comentar desde un punto de vista lo menos hiriente posible; se hace difícil porque dentro de estas letras también hay parte de mi historia, pero intentaré hacerlo de la mejor manera posible.

No es mi intención atacar a nadie en concreto, sino mas bien, intento mostrar la realidad del mundo laboral cuando de discapacidad se trata. La finalidad del título es reflejar la situación real del sector laboral frente a las personas con discapacidad y viceversa, pues desde ambos lados existen responsabilidades.

Me parece oportuno tratar el tema comenzando primeros por las empresas, luego por los Centros Especiales de Empleo y en tercer lugar, las personas discapacitadas.

Desde las empresas existe una creciente demanda empleados con discapacidad, en parte gracias a la coyuntura económica, a los empleadores les resulta mas rentable un trabajador con discapacidad que sin ella, el problema surge cuando lo que se contrata es un certificado de minusvalía y no un trabajador. Esto significa que hay empresas a las que aparentemente les da igual el perfil que se contrata siempre y cuando posea un 33% mínimo de minusvalía, en parte para ahorrarse ciertos gastos y en parte también para cumplir con la (anticuada) LISMI.

Otro fallo de las empresas es que forman deficientemente o no forman a los mandos ni al personal de base para que sepan como tratar con una persona discapacitada dentro.

Por otra parte, la gran mayoría de los contratos de este tipo están escritos de un modo muy genérico, sin tener en cuenta si las labores a realizar pueden afectar o no al trabajador en función de su discapacidad; un ejemplo de esto puede ser que a una persona con problemas de audición se la ponga a realizar el mismo trabajo que a otra con problemas de espalda, sin tener en cuenta (en dicho contrato) que uno podría necesitar unas condiciones de descanso más flexibles que el otro, un error muy común y en el que los departamentos de RRHH no reparan.

También hay empresas que no contratan personas con discapacidad, existe la creencia que un discapacitado podría ocasionar problemas, faltar y en ocasiones los perfiles que incluyen en su C.V. que poseen una minusvalía son rechazados, sin importar la capacidad para realizar las labores en cuestión.

Los llamados C.E.E. cumplen una función social muy buena, ya que fomentan la inclusión de las personas con diferentes discapacidades dentro de un entorno laboral, pero a la vez pecan de obsoletos en más de un caso.

Quisiera enumerar algunos de los errores más frecuentes de los C.E.E.:

* Sueldos bajos. Los salarios de muchos de los trabajadores de estos centros roza el mínimo interprofesional, provocando descontento desde algunos sectores de los mismos. Recuerdo que una vez indagué acerca del por qué de ésta cuestión y se me respondió diciendo que se debe a que muchas de las personas trabajadoras poseen una pensión, aduje que en mi caso no recibo nada de dinero por mi discapacidad, pero nuevamente se me argumento que así era el reglamento.

* Trabajos mecánicos e infravaloración. Es cierto que muchas de las personas empleadas en los diferentes centros poseen discapacidades físicas o mentales graves y que realizar un trabajo de estilo mecánico es la mejor forma de aportar, pero la realidad muestra también que existen talleres donde se agrupan a personas de diferentes tipos y niveles de minusvalía haciendo tareas mecánicas, lo que impide que aquellos que tienen capacidades para realizar otro tipo de trabajos no los hagan, relegándoles a un puesto inferior a sus propias capacidades. Aquí hago un alto ya que se que se me puede responder diciendo que encima que dan trabajo… yo no me quejo de eso ni nada por el estilo, simplemente expongo que no se explotan las capacidades y el potencial de algunas personas al tenerlas haciendo labores manuales en cadena constantemente. También hay centro dedicados a diferentes áreas, en los que se ofrecen un abanico de posibles empleos a las personas, donde únicamente se tiene en cuenta si se encuentra físicamente apto o no para realizar dicha labor, dejando totalmente de lado su curriculum y capacidades.

* Desigualdad en la toma de decisiones. Existen C.E.E. donde una parte considerable de los puestos de mandos intermedios y jerárquicos no están conformados por personas discapacitadas, de hecho se de alguno que en las ofertas que publica para ocupar puestos de mandos no pide personas con discapacidad.

* Inclusión ineficaz en otro tipo de empresas. Muchos de los C.E.E. practican la inclusión en empresas formales, el problema aquí reside en las empresas receptoras, pues muchas veces no están preparadas para recibir a una persona discapacitada, lo que conlleva problemas de integración. Las veces que esa integración es satisfactoria, el trabajador, al ser discapacitado tiene menos oportunidades, ya sea para que se le realice un contrato indefinido o en caso de suceder esto, su discapacidad actúa como un estigma dificultándole la mejoría en su carrera profesional; un ejemplo de ello es la dificultad añadida que tienen las personas discapacitadas para ser promocionadas. Aquí el error reside tanto en la empresa receptora (por no desarrollar una correcta ética de inclusión) y en los C.E.E. ( por no brindar herramientas ni recursos para que la integración real sea posible). Puede haber responsabilidad también por parte del trabajador, pero considero que es mínima en comparación con el deber de las empresas, ya que son éstas las que deciden el futuro laboral del mismo.

Por parte de las personas discapacitadas también existe una cuota de responsabilidad. Muchas veces por cuestiones de necesidad, otras por baja autoestima, pero se posibilita prácticas como el mobbing, se piensa que por ser minusválido se es un trabajador de segunda, se toleran circunstancias que de no existir un certificado de discapacidad de por medio, no sucederían.

Es importante para una persona discapacitada cambiar la actitud, perder el miedo a incluir la discapacidad en el curriculum, afrontar la situación personal y asumirse tal como uno es, pues lo que vemos de nosotros es lo que los demás percibirán.

Añado también que llama mucho la atención como a pesar de que existen varios colectivos de personas discapacitadas, ni desde el gobierno ni desde algunos de los más importantes agentes sociales se propone la modificación y actualización de la LISMI.

Lo expuesto es este post no trata de hacer un campaña de sensibilización, sino de plasmar realidades con la finalidad de que comiencen a realizarse políticas de inserción e inclusión que faciliten y promuevan la integración real de las personas discapacitadas dentro del medio laboral.