El post que no fue

imagesAcostumbrado a escribir dejé en formato antiguo (papel) dos entradas que todavía no se si debería publicar, la una trata acerca de la manera de percibir la relación entre empleados y empleadores y la otra sobre la gestión de la comunicación en las empresas. Lamentablemente llegué al punto en que al intentar escribir desde la objetividad y la imparcialidad casi caigo en la trampa del juzgamiento, no se si llegué a juzgar, pero vi los dientes de la tentación. A través de este blog quise dar validez a mis aptitudes de LinkedIn, aptitudes que son tan válidas como las palabras que escribo, además, fui contando experiencias tanto personales como laborales y es en estas últimas en las que más me he enfocado. Uno de los distintivos que quería que tuviera este blog era una pizca de informalidad, esa que aparece cuando comparo mi infancia con la logística o cuando hablo acerca de mi discapacidad, por eso, dentro de esa imperfección me permito también no hablar de nada, sincerarme con el lector reconociendo que lo políticamente correcto está de más ahora mismo. Esa manera de proceder es la que hace que no exista una periodicidad entre una publicación y otra, me da libertad y me quita de encima la presión de tener que satisfacer a mis lectores. Parece una postura egoísta, no recomendada por los entendidos del blogging, pero tal vez en esta contrapostura me siento mucho más cómodo y feliz, de hecho, este post es fruto de ello. El post que no fue me permite hacer un descargo acerca de algo que no me parece y a la vez, me acerca al lector diciendo que la falta de contenido no se debe a la falta de ideas, sino al exceso de pensamiento dual.

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